Metajuego vs Inmersión: El caso de Baldur’s Gate 3

Existen muchas formas de jugar a videojuegos, pero Baldur’s Gate 3 pone de relieve al gran olvidado de nuestra infancia: la inmersión

Baldur’s Gate 3 no es perfecto, pero ha estado a la altura del hype, y hoy en día eso son palabras mayores. Ya se ha convertido en el juego mejor valorado de 2023 y de la historia en Metacritic, tanto por los usuarios como por la crítica especializada.

Este no es un artículo para hablar acerca de los problemas inherentes a tratar de evaluar un juego de 0 a 100, ni de por qué la nota de los usuarios no siempre es una referencia fiable, pues al fin y al cabo cada persona es distinta y por tanto su método de valoración (y gustos) también lo son. Hoy quiero hablar de por qué, en mi opinión, Baldur’s Gate 3 es el ejemplo perfecto para evaluar no el juego, sino nuestra forma de jugar.

De un tiempo a esta parte he sido objeto de broma (y con razón) entre mi grupo de amigos más cercano por mi mantra de «la inmersión» al jugar a ciertos videojuegos, algo que cada vez se ha ido volviendo más importante para mi a la hora de jugar, y que hasta hace poco no me sentía inspirado para explicar de forma desarrollada. Por eso, también, me encanta Baldur’s Gate 3.

Opinión de Baldur's Gate 3

¿Qué es el metajuego y en qué ha cambiado nuestra forma de jugar?

Para entender mejor qué es la inmersión y por qué es posible que no estemos disfrutando de ciertos videojuegos tanto como deberíamos, es mucho más sencillo empezar por su antítesis, su yang, el polo opuesto al enfocar cómo realizamos nuestra toma de decisiones en el gaming: el metajuego. Desde hace años término omnipresente, el término metajuego no es el equivalente gamer de, por ejemplo, metalenguaje. El término metajuego es en realidad la castellanización del término acuñado en el mundo anglosajón meta-game y que se origina a partir del acrónimo Most Efficient Tactic Available (táctica disponible más eficiente) dentro de un videojuego específico.

Por poner algunos ejemplos, cuando jugamos a un videojuego de fútbol (como mi querido y maltratado eFootball) el metajuego radica en utilizar una táctica o formación muy específica, así como en un MOBA como League of Legends o Dota pudiera ser utilizar ciertos personajes en ciertas posiciones (un mid, un jungla, etc.) casi canónicas. El metajuego cobra unas dimensiones muy importantes en aquellos juegos con una fuerte escena PvP o competitiva, donde los pros y los influencers han hecho los deberes para mostrarnos cómo jugar: qué escoger, cómo utilizarlo, a qué prestar atención, cuándo debes hacer X cosa y, en resumen, cómo sacarle el mayor partido para ser lo más competitivo posible. Esto, a priori, no es demasiado original y le resta creatividad a la experiencia, pero tampoco tiene por qué ser negativo, como hemos mencionado antes, cada cual tiene su propia forma de divertirse y siempre puedes adaptar el meta a tus preferencias o ignorarlo, ¿no? El problema llega cuando esta cultura ha trastocado por completo nuestras prioridades a la hora de jugar a ciertos juegos, poniendo el foco en elementos que deberían ser totalmente secundarios.

Combate en Baldur's Gate 3

Que Baldur’s Gate 3 u otros juegos no sean competitivos o PvP no quiere decir que esté exento de su propio metajuego, o que este enfoque (el de rascar allá donde se pueda para ser más poderoso) no se haya manifestado en forma de miles de vídeos y artículos sobre «La mejor clase para empezar en Baldur’s Gate 3», «Cómo hacerte rico en Baldur’s Gate 3», «La build más OP en Baldur’s Gate 3», «Las mejores razas», «Cómo conseguir la mejor espada del Acto 1» y un largo etcétera. ¿Es esto algo malo?, no. Porque, desde luego, hay mucha gente a la que estas cuestiones le parecen interesantes, y si a los jugadores les parecen interesantes, ¿por qué no iba un redactor o un creador de contenido a tratarlas?

Sin embargo, priorizar el metajuego no es la única forma de disfrutar ciertos videojuegos, porque aunque el que escriba estas palabras haya vivido hasta el fondo la escena competitiva (incluyendo dirigir tres equipos de eSports), cada vez estoy más convencido de que el auge del competitivo en la industria nos ha hecho pasar por alto que la inmersión, en ciertos juegos como Baldur’s Gate 3, puede mejorar hasta límites insospechados la experiencia de juego.

Bajar revoluciones para que entre en juego la inmersión

Ahora que nos queda claro qué es priorizar el metajuego, ¿qué diablos es la inmersión? Cuando priorizamos la inmersión, lo que priorizamos no es conseguir el resultado más espectacular ni las cifras más grandes, el arma más poderosa ni la build OP que obliga a los desarrolladores a introducir un parche para rebalancear el juego. Cuando hablamos de priorizar la inmersión hablamos de priorizar la creatividad, el roleo, meterte en el papel, olvidarte de intentar hacer la build más poderosa o de tener los mejores objetos, y sumergirte (dentro de la cordura) en el mundo, al igual que lo hacías cuando jugabas de pequeño o cuando veías una de tus películas favoritas.

La inmersión en Baldur's Gate 3

Porque cuando has dado con la tecla de la inmersión es sencillamente maravilloso. Si has visto El Retorno del Rey y se te ha puesto la piel de gallina con la carga de los Rohirrim… sabes de lo que hablo. El problema de esta comparación es que al ver una película o una serie tienes pocas opciones, principalmente sumergirte en ella y dejarte llevar para disfrutar, o bien estar prestando atención a las cosas de la misma que te rompen la inmersión, ya sean fallos de raccord, malas actuaciones o guiones que no hay por dónde cogerlos (sí, El Ascenso de Skywalker, te miro a ti), también puedes combinar ambas, pero en un videojuego tienes estas opciones y muchas, muchas más. Por este y otros motivos, los videjuegos, pese a (y por culpa de) su gran nivel de interacción y libertad no han venido a sustituir al cine, las series o la literatura. Pero se comienza aquí a cerrar el círculo: la particularidad de los videojuegos no es buena per se, pero tampoco mala.

Esa misma libertad de decisiones que nos aportan los videojuegos también nos aporta la posibilidad de sumergirnos en ellos como nunca antes, abriendo un nuevo nivel de inmersión al permitirnos poner en juego nuestra creatividad. No hace falta que seas un espectador pasivo de si Daenerys Targaryen debe achicharrar medio Poniente para crear una nueva sociedad más justa, o de si Gandalf no debía haberse relajado en el puente de Moria (clásico exceso de confianza, menudo noob). En los videojuegos (algunos más, otros menos) tú puedes tomar las decisiones, y eso puede ser increíblemente satisfactorio si lo enfocas de la forma adecuada. Un fenómeno que ilustra esto perfectamente es el de correr o andar: La tendencia general (en los videojuegos que te permiten elegir entre ambas) es correr siempre que no sea un inconveniente, porque así ahorras tiempo. Pero cuando eres Geralt of Rivia y vas esprintando como loco por Novigrado para ir a vender morralla, chocándote con todo el mundo y tirando a la gente al suelo… la inmersión muere.

Loot en Baldur's Gate 3

Parte de esta responsabilidad recae en el jugador, pero es de justicia reconocer al César lo que es del César: algunos juegos prestan más atención a esto que otros. Estos problemas de inmersión se pueden resolver mediante mecánicas implementadas por los desarrolladores, como por ejemplo en Mafia con los límites de velocidad en carretera o los semáforos, los cuales serán motivos de persecución policial si los ignoras, con la subsiguiente multa y/o enfrentamiento con la policía. Este tipo de mecánicas añaden una nueva dimensión al juego: la inmersión de emular el mundo real y las consecuencias de tus actos, el tener incentivos para actuar como actuarías en la vida real, saltándote semáforos y límites de velocidad solo cuando es necesario… o cuando consideras que a tu personaje le daría igual. Libertad, pero con consecuencias.

Baldur’s Gate 3 te lo pone muy fácil

Es en estas mecánicas de consecuencias donde Baldur’s Gate 3 se revela como el olmo que sí da peras. Mientras que en un título reciente como Hogwarts Legacy el juego te invitaba a saquear los cofres de los negocios locales en sus propias narices sin que nada sucediera, en Baldur’s Gate 3 deberás hacerlo sin que nadie te vea, porque su propietario se pondrá violento. Además, si el que te ve no es el propietario, te increpará y su opinión de ti empeorará, e incluso puede interponerse o avisar a la guardia para que te meta en el calabozo, y sí, el calabozo es real, no es fácil escapar de él y puede que te consideren un prófugo si escapas.

Dependiendo de nuestras acciones y lo que esté pasando en la historia, el periódico de Puerta de Baldur dará unas noticias u otras (sí, algunas de ellas fake-news), incluyendo titulares como «El gremio de comerciantes afirma que el mercado de objetos mágicos está salvado» si hacemos algo tan trivial como vender a un comerciante de golpe los 50 objetos mágicos de bajo nivel que teníamos guardados en el arcón.

Pero no se queda ahí la cosa, como ya comenté hace unos días el sistema de diálogos es sencillamente el más realista, elaborado, complejo y con distintos resultados de la historia de los videojuegos, a lo que hay que sumar la posibilidad de tomar caminos muy, muy distintos durante la historia, incluyendo no solo la trama principal sino todo el repertorio de subtramas de los lugares por los que pasamos o los compañeros y amistades que hacemos durante el camino. En el juego no encontrarás absolutamente ninguna de las típicas misiones secundarias de los RPG y MMORPG como World of Warcraft, donde deberás matar a cinco jabalís porque sí.

Paisaje en Baldur's Gate 3

Baldur’s Gate 3 trata de acercarnos a la infinidad de posibilidades que ofrece Dungeons & Dragons, y lo hace sobre el setup de Reinos Olvidados, convirtiéndose así BG3 en el juego con el lore más rico de la historia de la industria. Estos cimientos nos ofrecen también un sistema de combate tremendamente profundo, en el que tienes a tu alcance miles de habilidades, acciones, elementos interactuables en el entorno, enemigos y, por supuesto, opciones. Este es un juego tremendamente vivo, en el que puedes hacer algo tan absurdamente lógico como colocar una vela encendida a tus pies cuando te dispongas a utilizar tu arco, para así prender la punta de las flechas y convertirlas en flechas de fuego.

La narrativa, los gráficos, el arte visual y la banda sonora terminan de ponernos muy fácil la inmersión, sumergiéndonos en un lienzo ya empezado pero al que podemos añadirle una infinidad de nuestros propios matices. Baldur’s Gate 3 es el videojuego perfecto para poner en práctica otra forma de jugar, una forma de jugar menos centrada en cargar partida cuando algo no sale como nos gustaría, menos obsesionada con las prisas en conseguir aspectos triviales como loot, nivel o estadísticas, aspectos que nacieron para crear juegos más inmersivos y que por el camino se convirtieron, casi por accidente, en una distracción que nos impide sumergirnos en la historia. Porque en Baldur’s Gate 3 lo importante no es el destino, sino el camino, un camino que siempre debe estar pavimentado de creatividad, fantasía, jugar a ser otra persona o jugar a ser nosotros mismos en un mundo muy distinto, pero jugar para disfrutar, y creedme: hay mucho que disfrutar cuando nos damos cuenta de que esto se puede parecer más a una de nuestras fantasías infantiles que a jugar a Dark Souls.

SEO, CM, IT y redactor. Mi alma máter debió ser Hogwarts.

2 comentarios en «Metajuego vs Inmersión: El caso de Baldur’s Gate 3»

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